Transparent, una serie transtupenda

Con un título más que sugerente, que nos muestra claramente de qué va la serie, Transparent nos explica la rocambolesca historia de un profesor jubilado que, tras la muerte de su esposa, no sólo les explica a sus hijos que es transexual sino que empieza a vestirse de mujer. Amazon ha emitido su primera temporada en streaming y se ha llevado unas críticas transparentes, transfantásticas y transtupendas.

 

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El regreso de Orange is the new black

¿Qué es lo que ocurrió el 11 de jImagenulio del 2013 que nos dejó sentadas, detenidas en el tiempo, frente al PC, TV, Ipad, IMac o lo que sea que utilizas para perderte un rato cada día?

La respuesta tiene título de serie: Orange is the new black. Efectivamente, ese día se estrenó la primera temporada de esta magnífica historia de mujeres entre rejas, de la que ya hablamos hace unos días en este mismo blog.

Pues bien, estad alerta. El próximo 7 de junio -un día después de su lanzamiento en EEUU- se estrena en Canal+ la segunda temporada de esta serie de Jenji Kohan (Weeds), que narra las aventuras y desventuras de Piper Chapman (su nombre real es Piper Kerman), en una prisión de baja seguridad de mujeres. Y viene en forma de maratón, ya que a partir de las 13:00h. se transmitirán en V.O.S.E  los 13 capítulos que forman la temporada que, además, estará completa wn Yomvi desde ese mismo día.

No excuses, ladies. Este verano, de nuevo, el naranja será el color de moda en las toallas, los parasoles, las camisas y las sneakers de nuestros armarios. Por cierto, unos armarios muy bien aireados.

“ORANGE IS THE NEW BLACK”, una de lesbianas y cárceles

Piper. Quedaos con este nombre. Y apuntad también en vuestra agenda de adictas a las series “Orange is the new black”. Ahora, seguir leyendo, y sabréis qué tiene que ver Piper con esta serie que arrasa en Estados Unidos y cuya segunda temporada verá la luz el 6 de junio en Netflix.

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Mezclad en una coctelera televisiva la historia de una joven en una prisión de mujeres y a Jenji Kohan, creadora de “Weeds”, y tendréis como resultado la serie revelación de esta temporada: “Orange is the new black” (martes, 22 horas, Canal+ Series).

¿El tema? La vida cotidiana en la cárcel de mujeres en la que se puede utilizar un destornillador como consolador, donde la cocinera es una combinación de un capo de la mafia y matriarca rusa y hay gallinas que aparecen y desaparecen; un lugar en el que igual te enfrentas a una butch, old style, que a una transexual que se queda sin terapia hormonal o a una hippy iluminada y sus clases de taichi; donde el gueto de hispanas y el de afroamericanas mantienen una lucha constante, las jerarquías están para respetarse y el sexo en las duchas y la biblioteca están a la orden del día sin que sea el tópico, sórdido y aburrido, por lo previsible, drama lésbico carcelario. No. Jenji Kohan apuesta por el humor inteligente para enfrentarse a las relaciones entre las internas, a sus pasados y a sus vidas y a sus crímenes.

La serie está basada en el libro de Piper Kerman, “Orange is the new black. Crónica de mi año en una prisión federal de mujeres” (Ariel), en el que su autora relata su experiencia carcelaria tras ingresar en la prisión de mínima seguridad FCI Danbury (Connecticut).

Piper, una auténtica WASP que nació en Boston en 1969, tuvo un mal año en su vida. Quién no. Pero el suyo fue especialmente oscuro: en 1993 estaba liada con una traficante y acabó con ella haciendo de mula para el transporte de dinero y de drogas por todo el mundo, y es que el amor puede ser muy tóxico. En 1998, fue declarada culpable por tráfico de drogas y blanqueo de dinero y fue condenada a 15 meses de prisión.

En el 2004 Piper ingresó en la cárcel. “Por supuesto, la cárcel me cambió, pero no solo por perder la libertad, sino porque cambió mi perspectiva sobre un buen número de cosas. Cuando entras en la cárcel, lo único que tienes es miedo, no hay curiosidad porque el pánico lo ocupa todo. Lo último que esperas es que la gente empiece a preocuparse por ti, pero eso es lo que me pasó a mí: las presas me ofrecían una taza de café, una manta o un cepillo de dientes. Así que, durante ese proceso, todo lo que te habían metido en la cabeza desaparece y da paso a una época de observación donde lo único que intentas es no meterte en líos. Finalmente, te integras y pasas a ser parte de una familia. Sé que suena a tópico, pero así es como es”, explica Kerman, que tiene 44 años y se dedica a definir las estrategias de varias ONG que ayudan a mujeres en situación de riesgo de exclusión social y que es una activista a favor del cambio en las políticas penitenciarias.