Yo soy más de Bannon que de Tereska Torres

Yo soy más de Ann Bannon y Bebo Brinker que de Tereska Torres.

Primero porque la reina del pulp lésbico ha sido, es y será Bannon. Segundo, porque tras la entrevista a Tereska Torres aparecida en La Vanguardia en la que reconoce que le molesta que tachen su libro ‘Mujeres de uniforme’ de lésbico, la Torres me parece demasiado susceptible.
Tuve la suerte de entrevistar a Ann Bannon, que nunca ha tenido problemas con las dichosas etiquetas. En el transcurso de la entrevista, que podéis recuperar en este blog, me dijo: “Pronto me di cuenta de que me dirigía a una amplia audiencia de mujeres que vivían aisladas en pueblos y pequeñas ciudades y que probablemente iban a sentirse aliviadas por el hecho de poder leer mis historias, de aprender de otras mujeres como ellas y de sentir que sus propias vidas estaban justificadas y tenían sentido gracias a aquellos libros de pulp”.
 
A Tereska le molesta que tachen su novela de lesbiana. En cambio no le molestó la portada elegida por su editorial, Gold Medal Books en EE UU, para llamar la atención y lograr ser un best seller en 1950. En cinco años vendió 2 millones de copias, algo a lo que contribuyó que fuese considerado, como libro lésbico, un ejemplo de las obras que, según el House Select Committee on Current Pornographic Materials, promovían la degeneración moral.
Que tachen una novela de lesbiana no debería ser considerado hoy en día causa de molestia. Estamos de acuerdo en que las etiquetas deberían desaparecer. Pero nos movemos por los referentes simplificados que suponen las etiquetas. Nos ahorran tiempo y, aunque nos limitan, también facilitan la elección de preferencias. Y sabiéndolo, no siempre nos las creemos a pies juntillas: también sirven para cuestionar y dudar. Porque todo lo que huele a etiqueta…
Además, hay etiquetas para todo (literatura, arte, fútbol, cine, moda, gastronomía…), así que no deberíamos considerarlas malas sólo en casos concretos. Que curiosamente siempre tienen que ver con opciones que se alejan de las mayorías.
Así que señora Torres, que su novela sea considerada lésbica no quiere decir que usted lo sea. Que no lo es. Lo que sí podría ser, creo, yo, es más generosa.
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