La iglesia de Westboro y el arte de callar


Seguidores de la iglesia bautista de Westboro, más homófoba
que Rouco Varela y el Papa de Roma juntos, con carteles de sus
edificantes eslóganes.

Cuando la LLP se ha puesto las pilas esta semana repasando las noticias noticiables sobre el universo gay, lésbico y transexual, casi rompe a llorar. Lapidaciones en Irán, quejas de algunos acerca de a cantidad de gays que hay en la nueva edición de OT, el miedo de la madre de Terminator cuando pensaba que su hijo podía ser homosexual (“A mi madre le preocupaba tanto que una vez rogó a nuestro médico de familia que mirase lo que me pasaba”), pero nada equiparable a la noticia de que la llamada iglesia de Westboro ha culpado a la homosexualidad del atentado de Arizona, en el que murieron seis personas y la congresista demócrata Gabrielle Giffords quedó malherida. Es perverso.


Demente foto de una señora que
agradece a Dios los atentados del 11
de septiembre de 2001.


“Para esta iglesia cristiana fundamentalista, la masacre perpetrada por el joven Jared Lee Loughner, que mató a seis personas e hirió a otras trece (entre ellas a la congresista Gabrielle Giffords), es resultado de la idolatría y la homosexualidad consentida en Estados Unidos”, explica la
web Dosmanzanas.com. La LLP quiere apuntar que el líder de la iglesia bautista de Westboro, Fred Phelps, es un señor que dejó de hablar con su padre porque éste se casó con una divorciada. Buen cristiano, sí señor. A partir de ahí, Fred un hombre que fomenta el odio como él lo hace (lanzó la campaña God hate fags, es decir, Dios odia a los maricones) es más responsable de ese crimen que el abstracto homosexual. Amén. Os dejo el vídeo de Phelps diciendo barbaridades y agradeciendo a Dios que enviara al pistolero, apartir de su enfermiza y desequilibrada lógica de que Estados Unidos está siendo castigado por permitir el aborto o las bodas gays.

-Lo malo de gente como Phelps es que te dan ganas de insultarlos- dice Wonder Woman.
-Bueno- salta Virginia Woolf- tendremos que recurrir al abate Dinouart y su ‘El arte de callar’. Escucha, Wonder: “El primer grado de la sabiduría es saber callar; el segundo es saber hablar poco y moderarse en el discurso; el tercero es saber hablar mucho sin hablar mal y sin hablar demasiado”. Phelps habla mal y demasiado. Porque, como añade el sabio abate: “El hombre nunca es más dueño de sí que en silencio: cuando habla parece, por así decir, derramarse y disiparse por el discurso, de forma que pertenece menos a sí mismo que a los demás”. O, “Más vale pasar por no ser un genio de primer orden, permaneciendo a menudo en silencio, que por un loco, dejándose arrastrar por el prurito de hablar demasiado”. -En este caso, el loco es el señor Phelps, sin duda. -¿Ves? No hay necesidad de insultar. Basta con guardar silencio.

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