El caso Semenya


La LLP está escandalizada. El tema: la atleta sudafricana Caster Semenya, campeona mundial de los 800 metros en los pasados mundiales de Berlín. Como su aspecto, según la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (no sé si obligada por los jueces deportivos, entre los que había uno de los que opina que una mkujer con el pelo corto es menos femenina; o por los capitostes de alguna selección fracasada o alguna atleta ofendida y ultrafemenina), no es suficientemente femenino, la obligaron a someterse a análisis de sexo para aclarar si es o no mujer.

Primero: ¿qué es tener aspecto femenino? ¿Alguien tiene la exclusiva de este aspecto, a priori y por lo que parece, necesario para ser mujer? Si es así que me lo digan, que desde que a Semenya la han convertido en una especie de monstruo, me miro y me miro al espejo tratando de obtener una respuesta clara y femenina. Sin encontrarla. A ver si no soy mujer y llevo 44 años sin saberlo…

Segundo y motivo de escándalo para la LLP: Semenya no sólo se ha sometido a los llamados análisis de sexo (¿qué hacen, te miran, te calculan los cromosomas o los retuercen a ver si el grito es agudo -femenino- o grave -masculino?), sino que, como explica La Vanguardia, se ha sometido también al escrutinio público al aceptar ser portada de una revista luciendo un atuendo ultrafemenino y… ¡las uñas pintadas! Se ve que lo del color en las uñas es el sumum de la feminidad. Ya digo yo que yo necesito un análisis de sexo, que jamás me he pintado las uñas. Ni siendo niña… En fin que Semenya se ha expuesto para demostrar que, aunque corra más que ninguna otra mujer del mundo y lo haga en pantalón corto y con la mandíbula apretada y expresión feroz en su rostro de corredora, aunque lo haga, es una mujer. Y no, lo que muchos han sugerido con la boca pequeña y la mandíbula mucho más apretada que Semenya cuando corre: que no es una mujer.
lla se limita a decir: “
Lo veo todo como una broma, no me molesta. Dios me hizo como soy y me acepto a mí misma”.

Tercero. Desde muchos puntos de vista, tal vez yo no soy una mujer. Según quién me mire y cómo me mire, seguramente, insisto, no soy una mujer. Porque la culpa está en las miradas. Y ya sabemos que hay miradas limpias y miradas malvadas. Sorprende que en el caso del deporte la mirada sea tan perversa. Eso es todo. De momento.

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