Presentación de "Una discriminación universal"

Las chicas de la LLP han robado (eso es lo que ha sido, un hurto) del escritorio de Thais su texto de la presentación del libro “Una discrimación universal” (Egalés). Y la han colgado para quien le pueda interesar. No sabemos el móvil de esta acción, probablemente, sea para que Thais no se olvide de ellas. que últimamente las tiene un poco marginadas, con misiones siderales lésbicas, que implican a fuerzas interplanetarias desconocidas.

Cuando me propusieron que presentara un libro sobre la represión y la construcción de una imagen de la homosexualidad durante el franquismo, me di cuenta de que, si bien tenía unas referencias muy claras acerca de lo que supuso el régimen, mi ignorancia acerca del tratamiento legal de la homosexualidad y respecto al proceso de estigmatización de los homosexuales, un proceso que, ya sabemos, había comenzado mucho antes, era mayor de lo que podía imaginar en lo que se refiere al estado español. Es cierto que he leído e incluso he escrito acerca de esta represión silenciosa que hemos sufrido y seguimos sufriendo en muchos lugares del planeta las lesbianas y los homosexuales a lo largo de la historia, pero me he centrado en Estados Unidos probablemente porque la distancia me ha permitido leer sobre el tema con mayor tranquilidad y frialdad. Digamos que ha sido como una etapa previa, un calentamiento, para enfrentarme a lo que aquí ha ocurrido y que, por edad, mi generación ha vivido sola y afortunadamente de refilón.

He indagado y he encontrado un montón de artículos sobre la represión de gays y lesbianas durante el franquismo. Hay un año que debería quedar registrado como año maldito de la historia homosexual, al menos en España (sé que hay muchos años que deberían formar parte de un hipotético y terrible almanaque homosexual). Ese año es 1954, cuando se modificó la existente Ley de Vagos y Maleantes, con lo que la homosexualidad pasó a ser considerada un delito, y el homosexual, catalogado como enfermo o vicioso. La ley fue sustituida en 1970 por la nueva Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que apenas modificó la calificación de la homosexualidad y que castigaba “estados de peligrosidad” en lugar de delitos; a partir de ese momento, en lugar de vagos y maleantes, los homosexuales eran, por ley, peligrosos sujetos a rehabilitar, a los que se debía internar en centros de reeducación. Toda esta legislación no sólo castigaba las prácticas homosexuales, sino también la orientación sexual, por lo que cualquier persona sospechosa de tendencias “anormales” podía ser detenida sin necesidad de que realizara ningún acto ni práctica determinados. Todos sabemos que esta situación se prolongó durante toda una década, pues, aunque Franco murió en noviembre de 1975, hubo que esperar hasta enero de 1979 para que la homosexualidad dejara de ser considerada un delito.

En el libro “Una discriminación universal” encontramos explicados distintos temas que se refieren a esa época y que pueden englobarse en dos grandes ámbitos: el del oscurantismo franquista, cuando se dictaron las leyes y se produjo el proceso de estigmatización del homosexual, y también el ámbito de la lucha, que explica y recoge la reciente historia de los movimientos de liberación homosexual en España. En el primer aspecto, el del oscurantismo, se nos habla del marco legal que creó el franquismo contra el homosexual, de la estigmatización de la identidad homosexual y del tratamiento de la homosexualidad por parte de los medios de comunicación. En el ámbito de la lucha, se explica cómo surgió y cómo se desarrolló en España el movimiento de liberación homosexual. Una lucha sin la que ahora no podríamos estar hablando del matrimonio homosexual, por ejemplo.

MARCO LEGAL
Los primeros capítulos del libro nos remiten a la necesidad que tuvo el franquismo de crear un marco legal en el que poder insertar la homosexualidad que, de ser enfermedad, pasó a ser delito. Al respecto es muy interesante la reflexión que propone la introducción de Javier Ugarte acerca de la penalización de la homosexualidad, ya que penalizar la homosexualidad creaba un delito nuevo sin víctimas, con las dificultades legales que ello planteaba. De repente, las leyes se metían en un terreno hasta entonces dominado por la iglesia, ya que indicaban a las personas la forma correcta de comportarse en el campo moral. Con la aplicación de estas leyes franquistas, se penalizaba lo que se consideraba un vicio, en lugar de perseguir y castigar lo que producía daño. En definitiva, tanto la Ley de Vagos y Maleantes, que incluyó por primera vez a homosexuales en 1954, como la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, de 1970, son leyes que crean sus propias víctimas. Lo cual es, me parece a mí, una especie de perversión de la justicia. En el capítulo “La legislación represiva”, podemos leer que al homosexual, en la Ley de Vagos y Maleantes se le conceptuaba jurídicamente de peligroso, contrario a la moral social, proclive a la comisión de delitos, antisocial en definitiva, pues la práctica homosexual no se interesaba en la reproducción.

IDENTIDAD


Pasemos ahora al tema de la identidad, del proceso de estigmatización de la identidad del homosexual. Desde que en 1869 se acuñó el término homosexual, es decir se puso nombre a una circunstancia que pertenece a la identidad más íntima de la persona, se disparó el fenómeno y el empeño de construir una identidad homosexual como identidad delictiva. De esto se habla en el capítulo “Las bases ideológicas de la represión”, en el que se explica cómo, en España, se elaboró esa identidad a partir de las necesidades sociales y económicas de una sociedad que había quedado devastada por la guerra civil y partiendo no de planteamientos morales o legales, como hasta entonces, sino de planteamientos médicos.

Para inmiscuirse en el terreno de la moral, la medicina optó por justificarse en la biología, recogió las teorías de la evolución de Darwin, las mezcló con la supuesta necesidad social de mejorar el patrimonio genético y llegó a la conclusión de que la homosexualidad era una “degeneración”. Y ahí se empieza a hablar de la inversión o de la homosexualidad como una enfermedad. Ya tenemos el estigma, no sólo el que impone la religión católica, sino también la medicina, la ciencia. Así pues los homosexuales éramos sujetos que estábamos en pecado (seguimos estándolo para muchos), enfermos y, también, delincuentes a los que, además ofrecían métodos de curación a base de electroshocks y otras terapias conductistas. En este sentido se consideraba al homosexual culpable si se negaba a recibir tratamiento. “Al enfermo hay que culparle sólo si se niega al tratamiento porque en eso residiría su responsabilidad.
Un enfermo tiene el deber de curarse por su bien, el de su familia y el de la sociedad que lo soporta en su seno ya que a veces tiene que costear su internamiento”.

Sin salir del ámbito de la identidad del homosexual encontramos otro capítulo que hace referencia al enfoque psiquiátrico de la homosexualidad: “Infanticidas, violadores, homosexuales y pervertidos de todas las categorías. La homosexualidad en la psiquiatría del franquismo”. Resulta escandaloso ver lo que opinaba de la homosexualidad el catedrático de medicina legal de la Universidad de Zaragoza Valentín Pérez Argilés, que comparaba la homosexualidad con la tuberculosis. Según Pérez Argilés, al igual que el tuberculoso, el homosexual tendría una grave responsabilidad en la propagación de su enfermedad, por lo que supondría un peligro para la sociedad.

Otro erudito (entre comillas) de la época fue Antonio Vallejo-Nágera, comandante y jefe de los servicios psiquiátricos militares de Franco, que opinaba que los “psicópatas homosexuales” son en su mayor parte deficientes mentales. En agosto de 1938 Franco, ordenó a Vallejo-Nájera psiquiatrizar a la resistencia antifascista, realizando experimentos con los presos republicanos recluidos en los campos de concentración. El Gabinete comenzó a funcionar y Vallejo-Nájera se convirtió en director de las Investigaciones Psicológicas de los Campos de Concentración.
Para tener una idea de cómo era este hombre basta decir que una de las hipótesis que pretendía demostrar con sus investigaciones era la de la inferioridad mental de los partidarios de la igualdad social y política o desafectos al régimen. Y esto sin mencionar su lamentable misoginia. Vallejo afirmaba: “Recuérdese para comprender la activísima participación del sexo femenino en la revolución marxista su característica debilidad del equilibrio mental, la menor resistencia a las influencias ambientales, la inseguridad del control sobre su personalidad”.
Con estos antecedentes no deberían sorprendernos algunas conclusiones a las que llegó acerca de las causas de la homosexualidad. Vallejo-Nágera consideraba que u
na de las causas de la homosexualidad es haber padecido encefalitis. “Adquieren estos postencefalíticos todas las características propias de personalidades psicopáticas: holgazanería, importunidad, mala intención, hábitos viciosos, amoralidad, tendencias cleptómanas, agresividad, vagabundeo…”.

MEDIOS DE COMUNICACIÓN

En cuanto al tratamiento de la homosexualidad en los medios de comunicación, el capítulo “Gays en la picota. Su representación en los medios de comunicación”, se refiere al proceso de deshumanización del homosexual. En este sentido, además, el capítulo recupera a una figura tan perniciosa y delirante como la de Mauricio Carlavilla, que firmaba como Mauricio Karl, autor de ensayos y varias obras y que asocia la homosexualidad con el comunismo. “El comunista es contrario a la familia por ser ella motivo natural de propiedad individual. Y el sodomita es también su adversario por ser su sexualidad agenésica, estéril suicidio de la especie, como el comunismo es suicidio de la sociedad”. Desde su paranoia, porque además creía que el homosexual era invisible y acechaba por doquier, llega a augurar “un mundo que será cada vez más y más homosexual”. Ojalá lo fuera.

Llama la atención en este capítulo, las porturas de algunos humoristas, considerados hoy progres, como Forges, y la revisión de algunas noticias que causaron el estupor del régimen, como la que se refiere a la despenalización de las relaciones homosexuales entre adultos que se produjo en Inglaterra en 1966: En el Tele/Express, a raíz de esta noticia, se leía: “Al margen de creencias religiosas, morales o sociológicas, existen lacras y vicios rechazados de siempre y con repugnancia por la humana condición. Por tanto autorizar esas lacras nos parece sencillamente monstruoso”.

LUCHA A partir de aquí, el libro entra ya en el tema de la lucha y del proceso de constitución del movimiento de liberación de gays y lesbianas durante la transición. Un texto de Jordi Petit y Empar Pineda repasa exhaustivamente las bases del movimiento, sus pioneros (entre ellos los dos autores mencionados), su evolución y sus momentos de crisis y de luchas internas desde 1975 hasta 1981. Como dicen los autores, “resumir el intenso periodo del movimiento homosexual de 1975 a 1981, de la muerte de Franco al golpe de estado de Tejero, resulta una empresa difícil dada su complejidad y diversidad de actores y sucesos”.

Porque, como explican, coinciden un sinfín de circunstancias como la invisibilidad lesbiana, que dificultó y sigue dificultando la presencia de referentes con los que identificarse; o el interés que surgió hacia todo aquello que había sido prohibido por el franquismo, como la homosexualidad y la sexualidad en general, un cambio en le tratamiento informativo de la homosexualidad, que empieza a tratarse con naturalidad, o el marco teórico del feminismo de aquella época, con eslóganes que se hicieron tan famosos como el del “derecho al propio cuerpo”, o el fenómeno social del “destape”, entre otros.

En ese contexto, digamos, de descubrimiento en todos los sentidos, y con la semilla que supuso la creación en 1970 del Movimiento Español de Liberación Homosexual, se fundan grupos como el FAGC, liderado por Jordi Petit, los que forman la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español, que luchan por la derogación de la Ley de Peligrosidad Social, la amnistía total, luego , el derecho al matrimonio homosexual, la educación sexual en las escuelas…
En definitiva que cuestionan la norma dominante. Además de este talante reivindicativo y antirrepresivo, en los grupos se plantea un tema complejo y a la vez fundamental, el de la identidad homosexual. Pero sin estigmas. Y así se llega a la legalización de la homosexualidad en 1979, un hito que marca un cambio en los colectivos, que empiezan a vaciarse mientras las discotecas empiezan a llenarse y la homosexualidad se empieza a vivir, digamos, fuera del armario. A destacar la frase “conviene no perder de vista nuestros orígenes y menos aún ignorarlos o negarlos”. Este es sin duda uno de los leit motifs de este libro que nos ocupa.

En este ámbito de lucha, Gracia Trujillo, en su capítulo, “De la clandestinidad a la calle”, nos propone una reflexión acerca de los comienzos de la movilización lesbiana sobre la que, por otro lado, hay pocas fuentes que consultar. Es otra de las consecuencias de la llamada invisibilidad lesbiana. Como dice Trujillo: “Es cierto que compartimos una opresión con los varones gays, pero las lesbianas se enfrentan a un problema de silencio que rodea sus vidas y a la invisibilidad social”. Creo yo que éste es uno los misterios más grandes del universo: ¿por qué las lesbianas somos invisibles? Ya sabemos que la mujer, en general, a partir de los 40-50 años entra en fase de invisibilidad, pero ¿por qué las lesbianas son invisibles desde siempre y a lo largo de la historia? Es un tema para reflexionar en profundidad.

Punto y aparte merece el último capítulo, de Antonio Gutiérrez Dorado, “La voz de la memoria”. No sabría si incluirlo como tema del marco legal, de la identidad o de la lucha. Probablemente estaría en todos, ya que da forma, una terrible forma, a todo lo apuntado hasta aquí: al marco legal, social y médico en el que el franquismo inscribió a la homosexualidad. Nada más comenzar, Antonio ya advierte: “Lo que a continuación vamos a relatar no es un análisis de la represión homosexual, sino la voz de las víctimas”. Es decir no es un análisis de la represión; es la represión. En este capítulo se habla de personas, de testigos, de víctimas de aquella inquisición devastadora. En fin, el relato de lo que ocurría en las prisiones primero y luego en supuestos centros de rehabilitación como lo fueron Huelva y Badajoz, cuyo cerrojo ilustra la portada del libro, es la prueba más terrible de lo que es capaz de hacer la mezcla de ignorancia e intolerancia en manos del poder.

CONCLUSIONES
A modo de conclusión, me pregunto: el franquismo se ha acabado, es cierto, ¿pero y el oscurantismo que dominó aquellos años, y los prejuicios que empaparon todos los estamentos de la sociedad? ¿Podemos decir que no existe y considerar que ya forma parte del pasado? Lamentablemente he de decir que muchos argumentos de los que aparecen explicados en “Una discriminación universal”, y que estigmatizan a los homosexuales desde las posturas intolerantes y manipuladoras del franquismo, me resultan horrorosamente familiares. Si una navega por internet se encuentra con ideas abominables y basadas en los mismos conceptos y valores de supremacía heterosexista. Si tenéis tiempo ir a es.catholic.net y a una web llamada Aciprensa.

Aunque, la verdad, no hay que conectarse a internet para descubrir a personajes homófobos que se mueven en diferentes esferas de nuestro país. No hablo sólo de Rouco Varela y sus sicarios, y perdonad que utilice este lenguaje… me refiero también al periodista y candidato al senado por el PP Dimas Cuevas o el juez, afortunadamente suspendido, Fernando Fermín Calamita, que negó la adopción a una madre lesbiana. O Laura Alabau, juez de Dénia que ha denegado en varias ocasiones bodas homosexuales. O al ya legendario Aquilino Polaino, que en 2005, definió la homosexualidad como una psicopatía producida por traumas infantiles gestados en un entorno familiar perverso. A mí me parece que la lucha contra ese tipo de ignorancia, que sí es una enfermedad, contra ese terrorismo moral y ese catolicismo integrista, es todavía necesaria.

Es decir que los movimientos homosexuales, que empezaron a vaciarse en los 80 y que, tras la consecución del matrimonio homosexual, mítica reivindicación, parecieron llegar al punto final de un viaje, deben continuar planteándose la lucha, pero desde otras posturas y otros ámbitos, ahora con la ley de su parte, y con la misma constancia y decisión de la que en su momento hicieron gala los pioneros de la lucha homosexual a los que, por otro lado y no quiero dejar de decirlo, tanto deben las generaciones más jóvenes. Además, queda otro ámbito para la lucha, el de los países en los que la homosexualidad todavía es un delito.
Hoy mismo salía una noticia en el diario sobre gays de Camerún y de Irán que buscan refugio en Europa porque, de regresar a sus paises, se enfrentan a penas de prisión.

Otra reflexión a la que me ha llevado la lectura de este libro, otra de muchas, claro está, es que la posibilidad de discutir ahora si el matrimonio homosexual es o no es un matrimonio, puede acabar siendo una frivolidad. No por la discusión en sí, siempre posible y además necesaria, sino por la manera en que se plantea en los medios, en las organizaciones esa discusión, que solapa, obvia y olvida cómo se ha llegado hasta aquí.

Contra eso hay que luchar. Contra ese olvido tan difícil de impedir porque, por mucho que nos empeñemos, el tiempo pasa siempre y lo hace de modo inexorable. Mi compañera, que es profesora de filosofía y de historia, lucha contra el olvido y la amnesia pidiendo a sus alumnos que hablen con sus bisabuelos para que les expliquen lo que representó la guerra civil española. Pronto los abuelos de sus alumnos habrán vivido la transición y no la posguerra y después, los Juegos Olímpicos del 92, quedando la guerra civil y los años oscuros de la posguerra y de la transición en una nebulosa difícil de clarificar. Por eso son necesarios libros como el que hoy presentamos aquí, en Cómplices, una librería imposible hasta no hace tanto tiempo.

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3 pensamientos en “Presentación de "Una discriminación universal"

  1. Enhorabuena a las chicas LLP que han puesto a nuestro alcance una síntesis tan brillante. Un comentario: la medicina, la ciencia, se equivocó con la homosexualidad, como se equivocó con la toxicidad del aceite de oliva o la utilidad de las sangrías. La exclusión de la homosexualidad de la clasificación de las enfermedades mentales es ya un hecho histórico por lo antiguo. Más sorprendente resulta que, a pesar de la rectificación, haya quien se siga apoyando en textos trasnochados como los que nos comentas para justificar su homofobia.

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